
La guerra civil que devasta Sudán desde abril de 2023 ha dejado al descubierto una de las facetas más crueles del conflicto: el reclutamiento sistemático de menores para combatir en un enfrentamiento que ha provocado una de las peores catástrofes humanitarias del planeta. Una investigación exclusiva de la agencia Associated Press ha recogido los desgarradores testimonios de antiguos niños soldados que no solo describen las atrocidades vividas en el campo de batalla, sino que también apuntan a la presencia de combatientes extranjeros, entre ellos mercenarios colombianos, contratados para nutrir las filas de las fuerzas paramilitares.
Testimonios desde la rehabilitación
Los relatos fueron obtenidos en una instalación gestionada por el gobierno respaldado por el ejército sudanés, situada en las afueras de Jartum, la capital del país. Allí, más de 200 antiguos niños soldados reciben atención y tratan de reconstruir sus vidas tras haber sido arrastrados a la violencia. Muchos de estos menores cayeron en manos del ejército durante las operaciones militares del último año, en las que las fuerzas armadas lograron recuperar el control de la capital, que había estado bajo dominio de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés).
Dos de estos jóvenes accedieron a compartir sus experiencias con los periodistas. Sus historias, marcadas por el miedo, la coacción y la exposición constante a la muerte, ilustran el destino de miles de menores que han visto su infancia interrumpida por una guerra que no comprenden del todo, pero cuyas consecuencias cargarán durante el resto de sus vidas. En el centro de rehabilitación, los especialistas trabajan para revertir el trauma psicológico y físico que estos niños arrastran, un proceso lento y complejo que requiere tiempo, recursos y estabilidad, tres cosas escasas en el Sudán actual.
Una guerra entre generales
El conflicto sudanés estalló como resultado de una lucha de poder entre dos antiguos aliados: el general Abdel Fattah al-Burhan, líder del ejército regular sudanés y jefe de facto del país, y el general Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como “Hemedti”, comandante de las Fuerzas de Apoyo Rápido. Ambos habían colaborado en el golpe de Estado de 2021, pero sus ambiciones enfrentadas por el control del país terminaron desembocando en una guerra abierta que ha partido Sudán en dos.
Desde entonces, el país africano ha sido escenario de combates devastadores, masacres étnicas —especialmente en la región de Darfur—, desplazamientos masivos y una hambruna que amenaza a millones de personas. Según diversas estimaciones de organizaciones internacionales, decenas de miles de personas han muerto y más de doce millones han sido desplazadas de sus hogares, convirtiendo esta crisis en una de las mayores emergencias humanitarias contemporáneas, aunque haya recibido comparativamente poca atención mediática internacional.
El reclutamiento de menores
El uso de niños soldados no es un fenómeno nuevo en los conflictos africanos, pero en Sudán ha alcanzado dimensiones alarmantes. Ambos bandos han sido acusados por organizaciones de derechos humanos y por Naciones Unidas de reclutar menores, ya sea mediante engaños, coacción, secuestros o aprovechándose de la desesperación de familias empobrecidas y desplazadas. Para muchos de estos niños, unirse a un grupo armado se presenta como la única alternativa de supervivencia en un entorno donde el colapso del Estado ha dejado sin educación, alimentos ni protección a comunidades enteras.
Los menores son empleados en tareas que van desde el transporte de armas y municiones hasta el combate directo en primera línea. La exposición a la violencia extrema, la pérdida de compañeros y familiares, y el ejercicio o la observación de actos brutales dejan cicatrices profundas. Los testimonios recogidos por AP confirman este patrón: los niños describen escenarios de combate caóticos, la presión constante de sus superiores y la sensación de estar atrapados en una maquinaria de guerra de la que resultaba casi imposible escapar.
La presencia de mercenarios colombianos
Uno de los elementos más impactantes revelados en la investigación es la presencia de mercenarios colombianos combatiendo junto a las Fuerzas de Apoyo Rápido. Este dato añade una dimensión internacional al conflicto y confirma denuncias previas sobre la contratación de excombatientes latinoamericanos para participar en guerras ajenas.
Colombia, con décadas de conflicto armado interno a sus espaldas, cuenta con un importante número de exmilitares y exguerrilleros con amplia experiencia en combate. Esta circunstancia ha convertido a algunos de estos veteranos en objetivo de redes internacionales de reclutamiento de mercenarios, que les ofrecen sumas de dinero elevadas para operar en escenarios de conflicto lejanos. El caso sudanés se suma así a otras controversias recientes que han involucrado a exsoldados colombianos en operaciones en el extranjero.
El gobierno colombiano ha expresado en distintas ocasiones su preocupación por este fenómeno, prometiendo investigar las redes que captan a sus ciudadanos y advirtiendo sobre los riesgos legales y personales que implica participar como combatiente en guerras extranjeras. La presencia de estos mercenarios en Sudán, según los testimonios recabados, habría sido percibida directamente por los niños soldados, lo que subraya el grado de internacionalización de un conflicto aparentemente local.
Un futuro incierto
Los esfuerzos de rehabilitación de estos menores representan apenas una pequeña luz en medio de un panorama sombrío. Reintegrar a un niño soldado a la vida civil requiere no solo atención psicológica y médica, sino también un entorno de paz y estabilidad que Sudán está lejos de ofrecer mientras la guerra continúe. La comunidad internacional ha sido criticada por su tibia respuesta ante la magnitud de la crisis, con ayuda humanitaria insuficiente y presiones diplomáticas que no han logrado detener los combates.
Los testimonios recogidos por AP cumplen una función esencial: dar voz a las víctimas más vulnerables de esta guerra y documentar unos abusos que, de otro modo, permanecerían ocultos. Detrás de las cifras de desplazados y muertos hay historias individuales de niños que fueron obligados a empuñar armas antes de aprender a construir su propio futuro.
Mientras el conflicto persista, el riesgo de que nuevas generaciones de menores sean absorbidas por la violencia continuará latente. La rehabilitación de estos jóvenes y el fin de la impunidad para quienes los reclutan —incluidos los actores internacionales— son pasos imprescindibles para que Sudán pueda algún día cerrar este capítulo de horror.
Generado por Claude Opus 4.8




