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El regreso del fujimorismo al poder en Perú: ¿Un nuevo capítulo de autoritarismo y polarización?

El 28 de julio de 2026, Keiko Fujimori se convertirá en la nueva presidenta de Perú, tras una reñida segunda vuelta electoral que la enfrentó al candidato de izquierda Roberto Sánchez. Con un margen de solo el 0.27% (49,641 votos de diferencia), según el recuento oficial de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Fujimori…

El 28 de julio de 2026, Keiko Fujimori se convertirá en la nueva presidenta de Perú, tras una reñida segunda vuelta electoral que la enfrentó al candidato de izquierda Roberto Sánchez. Con un margen de solo el 0.27% (49,641 votos de diferencia), según el recuento oficial de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Fujimori logró imponerse, aunque con una paradoja: Sánchez ganó en el territorio peruano, pero el voto en el extranjero inclinó la balanza a favor de la líder de Fuerza Popular. Este triunfo marca el cuarto intento de Keiko por llegar a la presidencia, tras las derrotas de 2011, 2016 y 2021, y consolida el regreso del fujimorismo al poder, una corriente política que, para muchos, evoca el fantasma del autoritarismo y la corrupción sistémica que caracterizaron el gobierno de su padre, Alberto Fujimori (1990-2000).

El legado de Alberto Fujimori: entre el “éxito económico” y los crímenes de Estado

Alberto Fujimori llegó al poder en 1990 con un discurso de modernización económica y lucha contra el terrorismo, en un contexto marcado por la violencia de Sendero Luminoso y el MRTA. Su gobierno implementó políticas neoliberales que estabilizaron la economía, pero también se caracterizó por un autoritarismo creciente: en 1992, dio un autogolpe de Estado, disolviendo el Congreso y concentrando el poder en el Ejecutivo. Bajo su mandato, se cometieron graves violaciones a los derechos humanos, como las masacres de Barrios Altos y La Cantuta (donde murieron 25 personas acusadas de colaborar con la guerrilla), esterilizaciones forzadas a mujeres indígenas, y el secuestro y tortura de opositores políticos, como el periodista Gustavo Gorriti.

En 2000, su gobierno colapsó tras la difusión de los “vladivideos”, grabaciones que revelaban una red de sobornos orquestada por su asesor, Vladimiro Montesinos, a jueces, políticos, empresarios y medios de comunicación. Fujimori huyó a Japón, pero fue extraditado, juzgado y condenado a 25 años de prisión por corrupción y crímenes de lesa humanidad. Aunque recibió un indulto humanitario en 2017, su legado sigue siendo polémico: para sus seguidores, fue el salvador de Perú; para sus detractores, un dictador que debilitó las instituciones democráticas.

Keiko Fujimori: la heredera de un proyecto político controvertido

Keiko Fujimori, hija mayor de Alberto, ha sido la figura central en la reconfiguración del fujimorismo tras la caída de su padre. Con solo 19 años, se convirtió en Primera Dama en 1994, reemplazando a su madre, Susana Higuchi, tras su separación. Su carrera política despegó en 2006, cuando fue elegida congresista, y en 2011 fundó Fuerza Popular, el partido que aglutinó al fujimorismo bajo su liderazgo.

Sin embargo, su trayectoria no ha estado exenta de escándalos. Entre 2018 y 2020, estuvo 16 meses en prisión preventiva acusada de lavado de activos vinculados a los aportes de la constructora Odebrecht a sus campañas electorales. Aunque el caso fue archivado por el Tribunal Constitucional, las sospechas de corrupción y tráfico de influencias han perseguido su imagen. A esto se suma su reivindicación constante del legado de su padre, a quien siempre ha defendido, incluso tras su muerte en 2024.

Una victoria en un Perú dividido: el anticomunismo vs. el antifujimorismo

La elección de 2026 refleja la profunda polarización de la sociedad peruana. Por un lado, el anticomunismo —especialmente fuerte entre las élites económicas y los peruanos en el extranjero— vio en Keiko una barrera contra el izquierdismo de Roberto Sánchez, vinculado al depuesto presidente Pedro Castillo (encarcelado por un intento de golpe de Estado en 2022). Por otro, el “antifujimorismo”, un movimiento transversal que agrupa a sectores de izquierda, centro y derecha, alerta sobre el riesgo autoritario que representa el regreso de esta corriente al poder.

La politóloga Eliana Carlín señala que el fujimorismo ha minado el Estado de derecho, favoreciendo la impunidad, el crimen organizado y la criminalización de defensores de derechos humanos. Para Carlín, el gobierno de Keiko no traerá reconciliación nacional, sino una continuidad de las prácticas autoritarias de su padre: “Desde el Congreso, Keiko ha dirigido una bancada que ha debilitado las instituciones y estigmatizado a la oposición”.

El periodista Gustavo Gorriti, quien investigó la corrupción fujimorista, advierte que, aunque Keiko podría moderar su discurso al inicio de su mandato para reducir la oposición, su gobierno no romperá con el pasado. Gorriti describe al fujimorismo como una “coalición mafiosa” que ha dominado la política peruana durante décadas, con el apoyo de poderes fácticos como las Fuerzas Armadas, los grandes empresarios y los medios de comunicación afines.

La agenda de Keiko: seguridad, economía y el fantasma del autoritarismo

Keiko Fujimori llega al poder con un programa titulado “Perú con Orden”, basado en tres pilares:

  1. Seguridad: Propone crear centros de comando con inteligencia artificial, construir megacárceles de máxima seguridad y bloquear el acceso a telefonía móvil en las prisiones, con participación activa de las Fuerzas Armadas.
  2. Economía: Busca reducir el déficit fiscal en un 1% del PIB para 2031 y promover el crecimiento económico con políticas liberales.
  3. Desarrollo social: Promete reducir la pobreza en un 15%, construir 3,000 colegios y expandir la telemedicina.

Sin embargo, sus críticos ven en estas propuestas un enfoque represivo y centralista, similar al de su padre. La reforma del Congreso (que volverá a ser bicameral tras 26 años) y el apoyo de sectores conservadores en la región —aliados de Donald Trump— podrían darle estabilidad, pero también aislamiento internacional si su gobierno deriva hacia el autoritarismo.

El contexto regional: una ola conservadora en América Latina

El triunfo de Keiko Fujimori no es un hecho aislado. En los últimos años, América Latina ha vivido un giro a la derecha, con gobiernos alineados con políticas neoliberales, conservadoras y, en algunos casos, abiertamente autoritarias. Figuras como Jair Bolsonaro (Brasil), Nayib Bukele (El Salvador) o Milei (Argentina) han marcado una tendencia que, según analistas, Keiko podría reforzar.

Eliana Carlín advierte que, en este contexto, Perú podría convertirse en un “reflejo de su padre”, con una política exterior entreguista hacia potencias como Estados Unidos, a costa de la soberanía nacionaleldiario.es.

¿Qué espera a Perú bajo el fujimorismo?

El regreso de Keiko Fujimori al poder reaviva los temores de un retroceso democrático. Aunque su discurso inicial podría ser moderado, su historial y el de su partido sugieren que el autoritarismo, la corrupción y la polarización podrían marcar su gobierno. En un país con ocho presidentes en una década, la inestabilidad política es una amenaza constante.

El desafío para Keiko será gobernar en un Perú dividido, donde el antifujimorismo sigue siendo una fuerza poderosa. Si su mandato repite los errores del pasado —debilitar instituciones, perseguir opositores, tolerar la corrupción—, el riesgo de una nueva crisis democrática será alto. Por el contrario, si logra equilibrar su agenda conservadora con reformas inclusivas, podría redefinir el legado de su familia.

Lo cierto es que, 26 años después de la caída de Alberto Fujimori, el fujimorismo vuelve al poder. Y con él, el fantasma de un Perú más autoritario y desigual.

Fuente: Eldiario.es

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Acerca de la autora

Sindy Lorena, colombiana de Bogotá.

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