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La obesidad global se divide en dos ritmos: estabilización en países ricos y avance imparable en naciones como Colombia

Un estudio publicado en la revista Nature revela una marcada divergencia en las tendencias mundiales de la obesidad. Mientras que varios países de renta alta han logrado estabilizar o incluso reducir ligeramente las tasas de esta enfermedad, primero en niños y adolescentes y después en adultos, la mayoría de las naciones de renta baja y…

Un estudio publicado en la revista Nature revela una marcada divergencia en las tendencias mundiales de la obesidad. Mientras que varios países de renta alta han logrado estabilizar o incluso reducir ligeramente las tasas de esta enfermedad, primero en niños y adolescentes y después en adultos, la mayoría de las naciones de renta baja y media continúan experimentando incrementos, en muchos casos acelerados, a pesar de ya presentar prevalencias elevadas. Los hallazgos refuerzan la necesidad urgente de implementar políticas públicas específicas y adaptadas a las realidades de cada contexto.

Una epidemia que ya no crece al mismo ritmo en todas partes

La obesidad se ha convertido en una de las mayores amenazas para la salud pública global. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), su prevalencia se ha triplicado desde 1975 y, en 2016, más de 650 millones de adultos y 340 millones de niños y adolescentes en todo el mundo vivían con obesidad. Esta condición es un factor de riesgo clave para enfermedades no transmisibles como la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer, además de representar una pesada carga para los sistemas de salud y las economías.

Sin embargo, el nuevo análisis publicado en Nature, realizado por un consorcio internacional de investigadores, muestra que esta tendencia global no es uniforme. El estudio, basado en datos poblacionales de múltiples países, ofrece una de las imágenes más detalladas hasta la fecha sobre cómo varían las trayectorias de la obesidad según el nivel de ingresos.

Avances en países de renta alta: una tendencia que llega con retraso a los adultos

El trabajo identifica un punto de inflexión en varias naciones desarrolladas. Por primera vez en décadas, las tasas de obesidad en niños y adolescentes comenzaron a estabilizarse e, incluso, a disminuir ligeramente en algunos países. Este patrón se observó posteriormente en la población adulta, lo que sugiere un efecto de cohorte y el impacto acumulado de las intervenciones dirigidas a las generaciones más jóvenes.

Estas tendencias coinciden con lo reportado por otras fuentes. El Programa Nacional de Medición de Niños (NCMP) del Reino Unido, por ejemplo, ha mostrado una estabilización en la prevalencia de sobrepeso y obesidad entre escolares en los últimos años. Australia también ha registrado descensos modestos en algunos grupos etarios, mientras que análisis del NCD Risk Factor Collaboration (NCD-RisC) han documentado una clara desaceleración en el crecimiento de la obesidad entre adultos de renta alta a nivel mundial.

Diversos factores explican este cambio de rumbo. Entre ellos se encuentran la mayor concienciación pública sobre los riesgos de una mala alimentación, la implementación de políticas integrales de salud pública, la regulación de la publicidad de alimentos no saludables dirigida a niños, la introducción de impuestos a las bebidas azucaradas en varias jurisdicciones y la reformulación de productos por parte de la industria alimentaria. Asimismo, la promoción de entornos escolares más saludables y campañas de nutrición han contribuido a estos resultados.

No obstante, los autores advierten que estos avances no son universales. Las desigualdades socioeconómicas persisten: las tasas de obesidad siguen siendo considerablemente más altas entre las poblaciones de menor nivel educativo y en comunidades con menor acceso a alimentos saludables.

Crecimiento acelerado en países de renta baja y media: la otra cara de la moneda

En marcado contraste, la mayoría de los países de renta baja y media se enfrentan a una escalada preocupante. El estudio de Nature muestra que las prevalencias continúan aumentando y, en muchos casos, lo hacen a un ritmo acelerado. Esto ocurre incluso cuando ya se han alcanzado niveles muy elevados, lo que representa un desafío mayúsculo para sistemas de salud que a menudo aún luchan contra la desnutrición y otras enfermedades infecciosas.

Regiones como América Latina, el Medio Oriente, gran parte de Asia y las zonas urbanas de África subsahariana son las más afectadas. Encuestas nacionales como la ENSANUT en México han documentado aumentos sostenidos en todas las edades durante las últimas décadas, mientras que países en rápida transición económica experimentan un cambio drástico en los patrones de consumo y actividad física en un periodo de tiempo muy corto.

Este fenómeno se enmarca en la llamada “transición nutricional”. La urbanización, el crecimiento del poder adquisitivo y la globalización han facilitado la proliferación de alimentos ultraprocesados, altamente energéticos y asequibles. A esto se suman la expansión de la publicidad dirigida a niños y jóvenes, la adopción de estilos de vida sedentarios y la disminución del consumo de dietas tradicionales. El resultado es una doble carga de malnutrición: la persistencia de la desnutrición infantil y las deficiencias de micronutrientes convive con el aumento del sobrepeso y la obesidad, lo que exige respuestas mucho más complejas por parte de las autoridades sanitarias.

Políticas públicas específicas: una necesidad ineludible

Los hallazgos del estudio son un claro llamado a la acción. Como señalan sus autores, no existe una solución única para todos. Las estrategias que han demostrado ser efectivas en países de renta alta deben adaptarse cuidadosamente a los contextos de renta baja y media, teniendo en cuenta sus limitaciones de recursos, sus sistemas de salud y sus realidades culturales.

Para las naciones en desarrollo, la prioridad es la prevención. Esto implica la adopción temprana de medidas basadas en evidencia, como la restricción de la publicidad de alimentos ultraprocesados dirigida a niños, la implementación de impuestos a las bebidas azucaradas y a productos de alto contenido calórico, el establecimiento de etiquetado frontal de advertencia nutricional claro y obligatorio, y la mejora de los estándares de alimentación en las escuelas. También resulta fundamental fortalecer la vigilancia epidemiológica y diseñar programas que aborden de manera integrada la doble carga de malnutrición.

En los países de renta alta, el desafío es mantener los logros y cerrar las brechas existentes. Es necesario seguir fortaleciendo las políticas regulatorias, pero también centrar los esfuerzos en las poblaciones más vulnerables, abordando los determinantes sociales de la salud y garantizando el acceso equitativo a alimentos saludables y entornos seguros para la actividad física.

La cooperación internacional también juega un papel crucial. Organismos como la OMS, UNICEF y la FAO han subrayado la importancia de crear entornos alimentarios saludables a nivel global y de apoyar a los países de ingresos bajos y medios en la implementación de estas medidas. Sin embargo, el estudio de Nature deja claro que se requiere un compromiso político mucho más firme y una asignación de recursos adecuada para revertir las tendencias actuales.

Conclusión: una brecha que no podemos permitir que se amplíe

El análisis publicado en Nature ofrece una evidencia contundente sobre la desigualdad que caracteriza a la epidemia de obesidad en la actualidad. Si bien algunos países han demostrado que es posible frenar su avance, la mayoría de las naciones de renta baja y media se encuentran en una trayectoria peligrosa que podría tener consecuencias devastadoras para la salud global en las próximas décadas.

Abordar esta brecha no es solo una cuestión de justicia sanitaria, sino también una necesidad para el desarrollo sostenible. Se requiere una acción urgente, coordinada y equitativa que priorice la prevención y garantice que todas las poblaciones, independientemente de su nivel de ingresos, tengan la oportunidad de vivir en entornos que promuevan una buena salud. El tiempo para actuar es ahora.

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Acerca de la autora

Sindy Lorena, colombiana de Bogotá.

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