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Por qué el terremoto de Chocó fue tan destructivo: la lección que dejan los edificios de concreto en Colombia

El terremoto de magnitud 7,4 que golpeó las cercanías de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, ha dejado al menos 132 personas muertas, miles de viviendas colapsadas o dañadas y una operación masiva de búsqueda y rescate en varias zonas del país. Las autoridades locales y los equipos de emergencia trabajan contra…

El terremoto de magnitud 7,4 que golpeó las cercanías de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, ha dejado al menos 132 personas muertas, miles de viviendas colapsadas o dañadas y una operación masiva de búsqueda y rescate en varias zonas del país. Las autoridades locales y los equipos de emergencia trabajan contra el tiempo para localizar sobrevivientes entre los escombros, mientras se reportan daños significativos no solo en poblaciones cercanas al epicentro, sino también en ciudades como Cali, Manizales y Pereira.

El balance, todavía preliminar, podría aumentar en las próximas horas y días. Pero, más allá de la magnitud del desastre inmediato, el sismo plantea una pregunta urgente: ¿por qué un terremoto de este tipo produjo daños tan severos en edificaciones de distintas ciudades colombianas? La respuesta no está únicamente bajo tierra, en la falla que se movió, sino también sobre la superficie: en la forma en que se han diseñado y construido muchos edificios de concreto reforzado en Colombia y en buena parte de América Latina.

Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, el terremoto ocurrió a una profundidad aproximada de 110 kilómetros y estuvo asociado principalmente a un mecanismo de deslizamiento lateral, conocido técnicamente como falla de rumbo o strike-slip. En este tipo de terremotos, dos bloques de la corteza terrestre se desplazan horizontalmente uno respecto del otro, en lugar de levantarse o hundirse. Aunque una profundidad de 110 kilómetros puede reducir ciertos efectos destructivos muy localizados, un sismo de magnitud 7,4 libera una enorme cantidad de energía y puede producir sacudidas fuertes en un área amplia.

Colombia se encuentra en una región tectónicamente compleja, influida por la interacción de varias placas y bloques geológicos, entre ellos la placa de Nazca, la placa Suramericana y la zona del Caribe. Esa configuración convierte al país en un territorio sísmicamente activo. Sin embargo, el peligro sísmico por sí solo no explica la escala de una catástrofe. La destrucción depende también de la vulnerabilidad de las construcciones, de la calidad del suelo, de la densidad urbana y de la capacidad de respuesta institucional.

Aquí es donde cobra importancia la investigación del ingeniero Ryan Hoult y de colegas de universidades colombianas. Durante años, Hoult ha estudiado experimentalmente el comportamiento de estructuras de hormigón armado, incluyendo muros diseñados según prácticas comunes en Colombia. Sus conclusiones ayudan a entender por qué tantos edificios pueden haber fallado ante este terremoto.

En una edificación, las losas, vigas y columnas suelen encargarse de soportar las cargas verticales: el peso propio del edificio, sus ocupantes, muebles y equipos. Pero durante un terremoto el problema principal son las cargas laterales, es decir, el movimiento horizontal del suelo que empuja la estructura de lado a lado. Para resistir esas fuerzas se requieren elementos capaces de deformarse sin perder resistencia. En muchos edificios modernos, esa función la cumplen los muros de concreto reforzado.

El problema, según los estudios citados por Hoult, es que en Colombia muchos edificios han utilizado muros de concreto demasiado delgados, con espesores típicos de entre 7 y 10 centímetros. Además, estos muros suelen tener una sola capa de refuerzo de acero, frecuentemente una malla electrosoldada. Este tipo de refuerzo puede resultar frágil cuando se somete a deformaciones sísmicas intensas.

En un escenario ideal, cuando un terremoto sacude un edificio, los muros de concreto reforzado desarrollan muchas grietas pequeñas distribuidas en su base. Esa distribución permite disipar energía y evita que toda la tensión se concentre en un solo punto. Pero cuando hay poco acero o el muro es demasiado delgado, puede formarse una grieta principal de gran tamaño. Entonces la deformación se concentra, el refuerzo se rompe o pierde efectividad, el concreto se tritura y el muro falla de manera súbita.

Otro factor crítico es el confinamiento. En los muros resistentes a sismos, los bordes suelen requerir acero adicional en forma de aros o estribos para evitar que el concreto se aplaste y para mantener la integridad del elemento estructural durante grandes deformaciones. Pero en muros de apenas unos centímetros de espesor, colocar adecuadamente ese confinamiento es difícil o directamente impracticable. En muchas prácticas constructivas, además, no siempre se ha exigido con el nivel de detalle necesario.

Hoult y sus colegas realizaron ensayos a gran escala en el Laboratorio de Ingeniería Sísmica y Dinámica Estructural de la Escuela Politécnica Federal de Lausana, en Suiza. Allí construyeron muros de concreto reforzado representativos de prácticas utilizadas en Colombia y los sometieron a movimientos similares a los que produce un terremoto. Los resultados fueron preocupantes: los muros delgados, con una sola capa de refuerzo, mostraron una capacidad limitada para resistir sacudidas importantes.

La evidencia no sugiere que se trate de casos aislados. Una encuesta de 2018 en nueve edificios de Cali encontró que el 90% tenía muros con una sola capa de refuerzo y que el 30% presentaba muros de 100 milímetros de espesor o menos. Cali es precisamente una de las ciudades donde se han reportado daños tras el sismo. Si esa práctica se repite en otras ciudades, la vulnerabilidad estructural podría ser mucho más extensa de lo que se reconoce públicamente.

El caso colombiano recuerda a otros desastres sísmicos recientes. En Christchurch, Nueva Zelanda, un terremoto de magnitud 6,3 ocurrido en 2011 causó la muerte de 185 personas y daños generalizados. Muchos edificios diseñados con criterios sísmicos modernos resistieron relativamente bien, pero algunas estructuras más antiguas colapsaron. Uno de los casos más estudiados fue el edificio Pyne Gould, cuyo fallo se vinculó a deficiencias en muros delgados de concreto reforzado y a una baja cantidad de acero.

Australia también extrajo lecciones de Christchurch. Hasta hace pocos años, ciertas normas permitían diseños con muros delgados y refuerzo limitado. Tras el terremoto neozelandés, la comunidad de ingeniería estructural revisó esas prácticas y las normas australianas fueron actualizadas en 2018 para reducir el riesgo de fallas similares. No obstante, los edificios ya construidos antes de esos cambios siguen representando un desafío.

La lección es clara: los terremotos no matan por sí solos; lo que mata, en gran medida, son las construcciones vulnerables. Un sismo fuerte puede convertirse en tragedia cuando encuentra edificios incapaces de deformarse y disipar energía. Por eso, la prevención no depende únicamente de mapas de amenaza sísmica, sino de códigos de construcción exigentes, inspecciones rigurosas, calidad en la obra y programas de reforzamiento estructural.

En Colombia, la prioridad inmediata es salvar vidas, atender a los heridos y dar refugio a quienes perdieron sus viviendas. Pero cuando termine la fase de emergencia, el país deberá mirar con seriedad su parque construido. Identificar edificios vulnerables, reforzar los más críticos y actualizar prácticas constructivas no es una tarea opcional: es una inversión para evitar que el próximo terremoto produzca una tragedia aún mayor.

Fuentes de referencia: USGS; investigaciones de Ryan Hoult y colaboradores sobre muros delgados de concreto reforzado; artículo académico en Engineering Structures; estudios posteriores al terremoto de Christchurch; reportes preliminares de autoridades y medios sobre el sismo en Colombia.

Generado por GPT 5.5 high

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Acerca de la autora

Sindy Lorena, colombiana de Bogotá.

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