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QuantumFracture: la cultura científica como defensa de la vida

Entender por qué se expande el universo parece un entretenimiento alejado de la vida cotidiana. José Luis Crespo, creador de QuantumFracture, propone mirar más allá: aprender ciencia también sirve para orientarse cuando una decisión afecta a nuestra salud. En una entrevista de Sofía Chinea Amador para Ethic, lo resume así: «Tener cultura científica puede incluso…

Entender por qué se expande el universo parece un entretenimiento alejado de la vida cotidiana. José Luis Crespo, creador de QuantumFracture, propone mirar más allá: aprender ciencia también sirve para orientarse cuando una decisión afecta a nuestra salud. En una entrevista de Sofía Chinea Amador para Ethic, lo resume así: «Tener cultura científica puede incluso salvarte la vida». La revista sitúa su canal de YouTube cerca de los cuatro millones de suscriptores, una muestra del alcance de esa curiosidad.

Su historia cuestiona la supuesta frontera entre letras y ciencias. Creció en una familia interesada en la literatura, la historia y la antropología; su fascinación por la física llegó durante la adolescencia, al descubrir en YouTube el documental El universo elegante. En Ethic defiende que la ciencia pertenece a la cultura tanto como el arte. También distingue entre dominar las matemáticas necesarias para investigar y comprender las ideas esenciales: lo primero exige formación; lo segundo puede acercarse a públicos muy diversos.

QuantumFracture nació en 2013, cuando Crespo estudiaba Física en la Universidad Autónoma de Madrid. En una entrevista publicada por WIRED en julio de 2024 explicaba que aquel proyecto personal había evolucionado hasta convertirse en una productora. Su propuesta combina animación, recursos narrativos y analogías para hacer visible lo abstracto. Pero el atractivo audiovisual no justifica deformar los conceptos: entretener y explicar deben caminar juntos. Un vídeo puede abrir una puerta al conocimiento, sin sustituir una formación especializada.

Más que memorizar fórmulas

La cultura científica no consiste únicamente en recordar nombres de partículas o leyes físicas. El marco de ciencias de PISA 2025, elaborado por la OCDE, incluye interpretar críticamente datos y pruebas, evaluar investigaciones y utilizar información científica para decidir. Importa saber qué se afirma, pero también cómo se ha llegado a esa conclusión. Preguntarse quién publica un resultado, con qué método y qué respaldo tiene es más útil que repetir una cifra sin contexto. La alfabetización científica requiere conocimiento y criterio, no una colección de curiosidades.

Esa exigencia explica su rechazo a ciertos debates públicos. En WIRED, Crespo cuestionaba los encuentros que sitúan a investigadores y defensores de conspiraciones como si sus posiciones tuvieran idéntico fundamento. Su objeción señala un problema de formato: dar apariencia de legitimidad a afirmaciones sin respaldo. La pregunta decisiva para el público no debería ser quién habla con mayor seguridad, sino quién puede justificar lo que dice.

Cuando equivocarse cuesta salud

En salud, esa diferencia puede tener consecuencias graves. Investigadores de Yale compararon pacientes que eligieron terapias alternativas en lugar de tratamientos oncológicos convencionales con otros que recibieron atención convencional. Encontraron peor supervivencia en los grupos con cáncer de mama, pulmón o colorrectal no metastásico. El Instituto Nacional del Cáncer estadounidense difundió estos resultados en 2017. Fue un estudio observacional y no evaluó la cultura científica de los participantes. No demuestra que desconocer ciencia cause una muerte, pero ilustra los riesgos asociados a prescindir de tratamientos respaldados por pruebas.

La vacunación muestra la otra cara de esa relación entre evidencia y vida. Un análisis liderado por la Organización Mundial de la Salud estimó que las inmunizaciones contra catorce enfermedades salvaron al menos 154 millones de vidas entre 1974 y 2024. Es una estimación mediante modelos, no un recuento directo de personas identificadas. La cifra describe el impacto de las vacunas, no de la divulgación; aun así, dimensiona lo que está en juego cuando evaluamos información sanitaria.

Eso no convierte al ciudadano informado en médico. La OMS entiende la alfabetización sanitaria como un conjunto de capacidades para encontrar, valorar y utilizar información y servicios que protejan la salud. Su aplicación cotidiana debería ayudarnos a preparar preguntas para una consulta y participar en las decisiones. No se trata de autodiagnosticarse con un vídeo, sino de reconocer cuándo necesitamos atención profesional.

Una herramienta también colectiva

El cambio climático exige un criterio parecido. El informe de síntesis del IPCC de 2023 atribuye inequívocamente el calentamiento global a las actividades humanas, principalmente a las emisiones de gases de efecto invernadero. Comprender esa base no resuelve cómo repartir los costes de la transición energética: ahí intervienen decisiones políticas y valores sociales. Sí permite distinguir el debate legítimo sobre las soluciones de la negación de conocimientos sólidamente establecidos. Saber ciencia ayuda a discutir mejor, no elimina la necesidad de discutir.

El escepticismo útil tampoco consiste en desconfiar de todo por igual. La OCDE subraya la importancia de identificar conflictos de interés, valorar la experiencia pertinente de las fuentes y reconocer el consenso científico. También recuerda que la ciencia es comunitaria y falible. Admitir incertidumbre no significa que cualquier explicación valga: significa ajustar la confianza a las pruebas y aceptar revisiones cuando aparecen mejores datos.

Por último, la responsabilidad no puede recaer únicamente en quien recibe información. La OMS advierte que la alfabetización sanitaria depende también de las instituciones, los recursos disponibles y las desigualdades sociales. Informar con claridad, facilitar acceso a servicios y escuchar dudas forma parte de la solución. Sería injusto exigir decisiones impecables a personas que encuentran barreras para comprender un diagnóstico o conseguir atención.

El mejor legado de una divulgación como la de QuantumFracture no sería convertirnos en expertos en todo. Sería enseñarnos a preguntar mejor y a reconocer cuándo necesitamos ayuda experta. Entre el asombro ante el universo y el cuidado de la vida hay un puente: aprender a distinguir lo que sabemos de lo que solo deseamos creer.

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Acerca de la autora

Sindy Lorena, colombiana de Bogotá.

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