Un balotaje con apellido dinástico

Brasil vuelve a las urnas el 25 de octubre con un Bolsonaro en la papeleta. En la primera vuelta del 4 de octubre, el senador Flávio Bolsonaro (Partido Liberal) obtuvo el 47,03 % de los votos válidos frente al 45,16 % de Luiz Inácio Lula da Silva, según los datos recogidos por Chequeado y la ficha electoral de Wikipedia, que cifra la participación en el 78,92 %. El resultado fue una sorpresa: medios como El Financiero y Ámbito subrayaron que el apellido maldito no solo sobrevivió a la inhabilitación y a la condena del patriarca, sino que arrastró victorias conservadoras en estados clave.
Las encuestas del balotaje no consuelan al progresismo. Bloomberg Línea resume que Datafolha, AtlasIntel y PoderData/Aya colocan al senador entre cuatro y seis puntos por delante; El Comercio habla de 49 % contra 45 %. Solo el sondeo de Vox Brasil, citado por Ex-Ante, da una ventaja mínima a Lula. Y los apoyos se acumulan del lado equivocado: la diaria informó de que el escritor Augusto Cury, tercero en la primera vuelta, se sumó a la candidatura ultraderechista.
La aritmética de los templos
Detrás de esa ventaja hay una infraestructura que ningún partido puede igualar: decenas de miles de templos abiertos siete días a la semana, con radios, canales de televisión, redes de WhatsApp y una autoridad moral que se ejerce en nombre de Dios. El Censo 2022 del IBGE, difundido en junio de 2025, confirmó que los católicos cayeron del 65,1 % al 56,7 % de la población de 10 años o más —8,4 puntos menos en una década—, mientras los evangélicos crecieron 5,2 puntos. Agência Brasil precisa que pasaron del 21,6 % al 26,9 %: más de un cuarto del país. Y Gazeta do Povo añade la perspectiva histórica demoledora: en 1991 eran el 9 %. En treinta años, la proporción se triplicó. CNN Brasil apunta además que umbanda y candomblé también crecieron, precisamente los cultos afrobrasileños más hostigados por el neopentecostalismo militante.
Treinta millones de votantes orientados desde el púlpito no son una minoría devota: son un partido político encubierto, con exención fiscal, sin auditoría y sin obligación de rendir cuentas democráticas.
Teología de la prosperidad: el neoliberalismo con incienso
El ensayo El Evangelio según Bolsonaro, de Sergio Tagle en LM Diario, formula la tesis con crudeza: el voto evangélico no explica por sí solo la irrupción ultraderechista, “pero sin él Jair Bolsonaro no hubiese sido presidente ni su hijo Flávio habría derrotado a Lula”. Tagle describe la teología de la prosperidad como “hipercapitalista y moralmente ultraconservadora”, una maquinaria ideológica capaz de fabricar los sujetos que necesita el capitalismo de plataformas: trabajadores uberizados convencidos de que su precariedad es una prueba de fe y su eventual salida, un milagro personal y no una conquista colectiva.
Ahí está la primera violación del Evangelio. El Jesús de los sinópticos expulsa a los mercaderes del templo; el neopentecostalismo los coronó obispos. El Sermón de la Montaña bendice a los pobres; la teología de la prosperidad los culpabiliza. El Nazareno predica el perdón y el cuidado del extranjero; sus supuestos herederos predican el armamentismo, el linchamiento moral de las personas trans y la demonización del vecino que reza a otros santos. Llamarse cristiano y votar la tortura, la deforestación y la impunidad militar no es incoherencia: es profanación.
La segunda violación es institucional. Tagle insiste —y conviene no ahorrárselo a la izquierda— en que el alineamiento evangélico con la ultraderecha no es solo fe: es consecuencia de carencias socioeconómicas y culturales que el PT y el progresismo brasileño no supieron atender. Donde el Estado no llegó con guardería, tratamiento de adicciones, duelo o comunidad, llegó el pastor. El templo ocupó la vacante del sindicato y del centro de salud, y cobró el favor en votos.
Laicidad o nada
Conviene decirlo sin eufemismos piadosos: el problema no son los fieles, mayoritariamente pobres, negros y periféricos, sino una casta de empresarios religiosos que convierte el diezmo en patrimonio y el miedo en disciplina electoral. Mientras tanto, los Estados latinoamericanos siguen subvencionando el negocio con exenciones fiscales y silencio ante los abusos —económicos, sexuales y psicológicos— que periódicamente afloran en las congregaciones y que casi nunca terminan en condena.
El 25 de octubre Brasil no elige solo entre dos nombres. Elige si acepta que el púlpito funcione como comité de campaña y si la soberanía popular puede competir con una teocracia de facto que promete el cielo y entrega motosierras. Los falsos profetas, advertía el propio texto evangélico, se reconocen por sus frutos. Los frutos están a la vista: desigualdad santificada, odio con subtítulos bíblicos y una democracia a la que se le pide que se arrodille.
Fuentes consultadas: Chequeado · Ámbito · El Financiero · La Nación · Wikipedia – 2026 Brazilian general election · El Comercio · la diaria · Bloomberg Línea · Ex-Ante · Infobae · Agência Gov/IBGE · Agência Brasil · Gazeta do Povo · CNN Brasil · LM Diario, El Evangelio según Bolsonaro




